Mientras se consumía su cigarro, pensaba más y más en lo que le podía deparar el destino el día de mañana. Aunque de cierta forma, no sabía si iba a estar vivo, si mi organismo iba a seguir funcionando al igual que todos los días, si mi cuerpo iba a llevar a cabo esos procesos automatizados que realiza día con día.
Sonaba Coltrane y la noche le pasa desapercibida ahogando aquellos lamentos que nadie comprendería, solo aquel contrabajo que suena al compás de un ritmo irregular característico del jazz. Ya no importa lo que pasaba al rededor, él es jazz.
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