15 nov 2011

Reflejos II

No había podido conciliar su vida desde el punto de vista que él observaba. Estaba en un cuarto oscuro rodeado de la nada, la oscuridad y el silencio, solo él proyectando su alma en el vacío. Se encontraba de cuclillas sin poder escuchar su propia voz, no existía sentido alguno más que el de pertenencia a aquel extraño lugar.

El hombre tenía el vago recuerdo de las tardes de verano recostado en el regazo de la mujer que un día amo pero ese recuerdo era tan débil que poco a poco se desvanecía de su mente y no encontraba un retorno de aquel abismo en el que estaba.

Todo eran sombras, las sombras eran todo y a la vez nada, el hombre era todo y a la vez nada.

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