
A veces es difícil vislumbrar la luz que deseamos alcanzar. Cuesta seguir tu corazón y tu razón al mismo tiempo, es como una nausea que se revuelve y no se conjunta. Flotando en el solitario tiradero, viendo como los objetos se mueven al rededor de ti, sientes como cada uno de los elementos que existen en perfecta armonía no siempre encajan.
No siempre encajan de una u otra manera, o erróneamente, como siempre hace el ser humano, trata de encajar las piezas a huevo. Si, a huevo, a bola de chingadazos como decimos los mexicanos. Pero porque llegar a esto?
Las cosas fluyen en su propio caudal y no somos nadie para interferirlas en su destino. Nada pasa ocasionalmente, todo lo que vemos, pensamos, escuchamos y sentimos tiene razón de ser, favorable o no favorable para nosotros. Solamente plantea esta pregunta:
¿Qué es lo que el destino espera de ti? El hombre común piensa que el debe satisfacer su destino, pero el destino debe satisfacernos a nosotros, aunque no siempre sea lo que esperamos.
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